Si le pones demasiada sal a la sopa …

Parisian Gentleman

Si le pones demasiada sal a la sopa …

… te va a quedar incomestible.

Gentlemen,

Me llama la atención desde hace ya mucho tiempo el auge del interés de los hombres por su propio estilo y esta tendencia engendra numerosas sorpresas en términos de oferta y de abanico de posibilidades en la buenas casas de sastrería. Provoca también, lo que me parece bastante clásico (me atrevo a decirlo) una serie de excesos de parte de los fabricantes que aprovechan un mercado que está disparándose.

Es muy grande la tentación de añadir cada vez más detalles a los que se atribuye el calificativo de “dandys” (No me gusta nada este término mal usado y que no tiene ningún sentido en el siglo XXI) y algunas casas no dudan en multiplicarlos a fin de que se sienta atraído el homo novis en busca de elegancia y de excelencia personal.

Demasiados botones (a pesar de un corte muy logrado)…

Demasiadas rayas (incluso para los que como nosotros son aficionados a las rayas horizontales)…

Demasiados motivos mezclados…

Demasiados esfuerzos visibles de combinación (¡en este caso un exceso de azul! Imaginen ustedes este atuendo muy bello con un pañuelo y unos calcetines altos capaces de matizar este conjunto bastante logrado…)

Demasiados “lunares” (a pesar de que se han respetado las escalas)…

Y no hay necesidad de evocar a los fabricantes de gama muy baja que sólo creen en los ojales contrastados y en los interiores de cuello de madras…

Si le pones demasiada sal a la sopa, te va a quedar incomestible…

Une ocasión excepcional de recordar aquí que la discreción es para el estilo masculino lo que la lítotes para la elegancia verbal o escrita. Es fundamental, tanto en el vestuario como en la vida, esforzarse en mostrar menos para decir más, tal como hizo Doña Jimena cuando le dijo a Rodrigo “¡Ve! ¡yo no te odio!” en la famosa escena del Cid de Corneille (Acto 3, Escena 4) ya que no podía decirle cuánto le quería al asesino de su padre…

Única excepción notable a esta escalada tipo “Dandy”, el superdotado e (híper mediatizado) Tom Ford que mantiene la elegancia al mismo tiempo que va mas allá de los límites de la mezcla de motivos (exceptuando el atuendo de la foto arriba con su avalancha de lunares que viene de su casa).

Aunque lo decía Brummel cuando hablaba de los demás (y no de sí mismo por supuesto), “la elegancia deja de ser elegancia en el momento en que uno la mira”, debemos confesarle a Tom Ford que, a pesar de todas las razones que nos da de hacerlo, no lo odiamos…

Cheers, HUGO