Exceptio probat regulam in casibus non exceptis (2)

Hugo JACOMET

Exceptio probat regulam in casibus non exceptis (2)

Gentlemen,

Para hacer eco a la teoría de la diferencia entre la precisión y la concisión, desarrollada y expuesta por nuestra contribuyente Sonya Nicholson (cuyos artículos, entre los cuales ÉSTE que propone un punto de vista femenino sobre nuestro “mundo”, conocen un verdadero éxito en nuestras columnas), he aquí algunas reflexiones adicionales sobre el mismo tema y, singularmente, sobre la cuestión peliaguda del aprendizaje de la aplicación de las pautas llamadas de “buen gusto” en materia de elegancia masculina.

Me ocurre cada vez más encontrar, en los eventos PG o sencillamente en la calle, gentlemen obviamente muy (¿demasiado?) bien vestidos, pero con atuendos muy (¿demasiado?) rebuscados que tienden a llamar la atención en los evidentes esfuerzos que han realizado para ser “elegantes” más que para alcanzar el propio estilo stricto sensu.

Dicho de otro modo, si estas “pautas” (creo que se trata más bien de convenciones estéticas) son de hecho muy útiles de conocer para permitirnos evitar los mayores errores de gusto y trabajar a la definición de nuestro estilo personal, pueden muy pronto volverse, para los más extremistas de nosotros (y son, desde luego, cada vez más numerosos) en horribles cortapisas convencionales.

Cabe pues nunca perder de vista que las pautas del buen gusto, de las que somos promotores en este sitio, no son más que líneas directoras, y, en ningún momento teoremas que harán de ustedes, con total seguridad, parangones de elegancia.

Y para mejor convencerles de eso, proponemos hoy a su sagacidad de aficionado a la sastrería unos cuantos contra-ejemplos de pautas supuestamente “fundamentales” a fin de recordarnos que “quien debe ser notable y ser notado es el hombre elegante, nunca su ropa.”

El primer contra-ejemplo se refiere a la regla del respeto de las proporciones (a menudo muy útil por otra parte) que dice:

-que la elección del ancho de su cuello de camisa debe tomar en cuenta el ancho de las solapas de su chaqueta (solapas anchas en pico = cuello de camisa ancho),

-que las puntas de sus cuellos de camisas debe estar ligeramente recubiertas por las solapas de su chaqueta.

-Y por fin que la elección de un cuello de camisa debe proporcionarse al ancho de su cabeza (lo que significa: cabeza voluminosa o ancha = cuello ancho para respetar las proporciones).

E incluso aunque es importante dominar esta regla, hay que decirlo, es también verdadero que se puede romperla sin que por ello se penalice el resultado final.

He aquí pues, abajo, el perfecto contra-ejemplo con una foto de mi persona sacada por la talentosa Rose Callahan para su blog/proyecto THE DANDY PORTRAITS.

El contra-ejemplo es en efecto perfecto porque se da el caso de que llevo un traje de hilera cruzada (Cifonelli Bespoke) con solapas en pico particularmente anchas (con un pecho estrecho) y que, naturalmente, mi rostro forma parte de los rostros que se pueden calificar de “anchos”. Habría pues debido decantarme, siguiendo la sacro-santa regla, por un cuello de camisa ancho, sin duda alrededor de 8 a 9 centímetros. Sin embargo… llevo en esta foto una camisa (Courtot medida) con un cuello inglés muy pequeño (un “tab collar” en esta ocasión) y me parece que el resultado es más bien convincente.

El segundo contra-ejemplo concierne la regla, comúnmente admitida (y que respeto en la mayoría de las veces), que consiste en no mezclar los cuadros con las rayas.

¿No es la foto abajo (casa Kiton) un magnífico contra-ejemplo de esta regla útil pero de la que se puede prescindir con brío?

El tercero y último contra-ejemplo ya ha sido objeto de un artículo en PG (AQUÍ) : concierne la regla, también muy útil, del respeto de las escalas a la hora de combinar dos motivos similares. Para decirlo sencillamente, cuando ustedes combinan dos motivos de la misma familia (por ejemplo cuadros), conviene elegir escalas distintas para no crear una molestia visual para los demás.

Sin embargo, una vez más, la foto abajo nos demuestra que esta regla (sin duda la más consistente de las tres) puede superarse con éxito con una chaqueta y una camisa que proponen, excepcionalmente, como motivos, unos cuadros de escalas similares. Bueno, es verdad que la foto parece particularmente retocada (sobre todo al nivel del contraste), pero tiene el mérito de demostrar que todas las reglas, incluso las más pertinentes, pueden romperse…

En cuestiones de sastrería, como en la vida, no hay, por fortuna, verdad absoluta y mucho menos prohibiciones. Entonces, por favor, no cometamos el error de encerrarnos en reglas de etiqueta estrictas ni en una supuesta ortodoxia en materia de elegancia. Las empresas humanas más bellas han sido relacionadas a menudo (¿siempre?) con una forma de transgresión…

First learn the rules, then break them.” More than ever.

Cheers, HUGO