Siempre es cuando sube el interés que … se lían las cosas

Hugo JACOMET

Siempre es cuando sube el interés que … se lían las cosas

Gentlemen,

a la hora en que el nivel de interés de los hombres por su elegancia – a veces se trata más de pasión o incluso de obsesión para algunos caballeros – sigue creciendo inexorablemente, nos damos cuenta cada día de que el mercado responde con ofertas cada vez más difíciles de interpretar, por los menos para el gran público así como para los menos conocedores de nosotros…

A este respecto, la oferta “Tailor Corner” una tienda real de media medida industrial con herramientas virtuales de ayuda a la decisión (como se suele decir en la era del omnipresente diseño asistido por computadora) ubicado en el Centro Comercial des Quatre Temps en el barrio de la Défense en París, constituye un excelente ejemplo de la manera con que todo el mundo intenta “surfear” en la ola – o ¿será el tsunami? – del retorno en fuerza del ropero masculino clásico y de los códigos procedentes de la cultura sartorial.

Nuestro propósito no es juzgar, por supuesto, la calidad de esta oferta, tendremos cuidado en no criticar sin haber tenido la posibilidad de examinar los productos de más cerca y eso, a pesar de que ciertas imágenes del vídeo, cuyo enlace encontrarán más abajo, son lo bastante explícitos como para demostrar que nos encontramos aquí en el mundo del “retoque avanzado” y en ningún modo en el de la medida… pero esto es otro debate.

Nuestro propósito consiste más en demostrar que todo, en este vídeo supuestamente hecho a la gloria de “la integración armoniosa de las nuevas tecnologías en el recorrido cliente” presta a confusión a nivel semántico. Porque, aunque sea de buena calidad la intención empresarial (y su realización desde un punto de vista tecnológico), debemos subrayar algunas aproximaciones, incluso algunos contrasentidos que aparecen en este alegato algo artificial a favor de los derechos de los hombres a la personalización de sus trajes… Porque lejos de condenar todas las nuevas tecnologías (con las que convivimos desde la niñez) y su innegable aportación a la vida cotidiana, nos preguntamos de todas maneras si, por lo que se refiere al vestuario masculino, no será más importante aprender a tocar la tela de una chaqueta y juzgar la “sensación” que produce más esclarecedor que jugar mecánicamente (además con un solo dedo) con las pantallas interactivas que, por más táctiles que sean, no producen ninguna emoción física.

Pero conviene primero ver el “comunicado vídeo” (así como lo llaman en el mail que acabamos de recibir hoy) para entender bien de qué estamos hablando.

Es aquí : TAILOR CORNER.

Interpretación:

Estamos aquí en presencia de un “concepto” que busca, citamos, “democratizar los trajes a medida” así como permitir a los hombres convertirse en los “creadores de sus propios trajes”. Hasta aquí estamos de acuerdo. Democratizar la medida es un bello objetivo a partir del momento en que coincidimos en la definición de la apelación… Por lo que se refiere a convertirse en “creadores de sus propios trajes”, me quedo perplejo. Porque, si puedo, personalmente, afirmar humildemente que tengo una cultura indumentaria superior a la media, todavía soy incapaz hoy de “crear mi propio traje” sin la ayuda, imprescindible, de mi sastre…. Pero vamos, ¿por qué no?

Pero, donde se lían las cosas de veras a nivel semántico, es cuando esta muchacha (visiblemente la directora del “webstore”, ¿es así como debe llamarse?) explica el proceso de fabricación valiéndose de un montón de vocablos nobles y técnicos como “oficina técnica industrial” y “generación automática de un patrón personalizado”… ¡No me diga! ¿Serán condenados a pasar nuestros trajes queridos, en 2013, ante el radar de una “oficina técnica industrial”? Me parece que esta denominación ha sido más bien limitada, hasta el momento, al mundo de los ingenieros en puentes y calzadas o al sector de la construcción.

Y por favor, ¿a qué va a parecerse una “oficina técnica industrial” en materia de trajes para caballeros? ¿Será un lugar con escuadras, tableros inclinados y gomas en el que unos ingenieros con batas blancas mal cortadas pasan horas estudiando cada detalle de nuestras anatomías para mejorar nuestro aerodinamismo? Y ¿quién se va a creer sólo por un segundo que un traje “a medida a partir de 300 euros” pueda, si bien suena raro, permitirse el lujo de pasar por una “oficina técnica industrial”?

La historia se derrumba en el momento en que la muchacha llega a la explicación concreta de la fabricación de los trajes. Citamos MUY PRECISAMENTE su frase: “después (de la toma de medidas entonces), queda por realizar la industrialización de la cadena de confección a medida” !?!??

¿Puede usted repetir esta frase sorprendente, o mejor dicho, este verdadero monumento de contradicción?

La industrialización – vemos de qué se trata – de la cadena – también vemos lo que es – de confección – hasta aquí llegamos – de… ¿la medida? Aquí, lo único que vemos, es una mezcla peligrosa de conceptos y una grave inconsistencia semántica… cuya formulación tan torpe es ridícula antes que escandalosa…

No tenemos nada contra esta tienda, tampoco contra estos – citamos el comunicado de prensa – “dos ingenieros a la cabeza de este concepto revolucionario”. Pero estamos hartos de ver la herencia de la cultura sartorial y el uso de sus códigos, a los cuales dedicamos mucho tiempo aquí, saqueados por un marketing aproximativo realizado por personas que nunca han hecho el esfuerzo de cultivarse, siquiera un mínimo, sobre la terminología del oficio.

Y, por lo demás, para ir más allá de la tecnología que, en este vídeo promocional, está en el centro del discurso, tenemos dos preguntas que hacer : ¿qué tipos de telas se proponen? ¿dónde se fabrican los trajes de la casa, una vez salidos de la “oficina de estudio industrial”?

Cheers, HUGO