Endymion: un
perfume que
recordar para
caballeros

Sonya Glyn NICHOLSON

Endymion: un perfume que recordar para caballeros

«Es el último día en Bruselas en la muy reputada Casa Degand, en la que asistí a la dedicatoria del libro “A Perfect Gentleman” del impresionante y talentoso James Sherwood (este libro celebra la rica historia del estilo masculino). Poco antes de partir, compré un inolvidable perfume para caballeros llamado Endymion, creado por la London’s House of Penhaligon’s…»

Algunos pensarán que es raro estar obsesionada con el pensamiento de descubrir un killer perfume, pero, quizás sepan lo que es ir buscando un perfume que les encante – sobre todo cuando una se entera de que cinco años más tarde, sigue buscando. Sin embargo, hay cosas que son perfectas. Y una se da cuenta instantáneamente. Es el caso del perfume Endymion para caballeros de la London’s house of Penhaligon’s.

Después de quedarme completamente fascinada por la discreta habilidad de Endymion en llamar mi atención, más tarde, decidí explorar la web e intentar encontrar una reseña sobre este perfume. Un hombre se quejaba porque quería que la fragancia fuera más duradera… sin embargo, otra reseña alababa religiosamente los méritos del milagro Endymion.

De hecho, la casi totalidad de las reseñas se parecían más a una historia de amor entre el hombre y su colonia que a una crítica. Y creo que este perfume particular es materia de relación para un hombre dado que exige que se revisite regularmente para bañar ritualmente los sentidos en un aroma la mar de agradable… de modo que el hecho de ponerse colonia se vuelve puro placer en un mundo en que anhelamos cierto estimulo estético, nos demos cuenta o no.

Sólo dos veces en mi vida me he quedado embelesada por un perfume. En pocas palabras, seguí a un hombre que salía del metro sin saber donde estaba yo, para pedirle cuál era su perfume. Y es que suelo ser bastante tímida. El perfume era Endymion y no podía resistir el hecho de inhalarlo como una huele a su novio con la boca entreabierta como para captar cada faceta de su perfume. Cálido, terroso, encantador y sin embargo autoritario y poderoso. Quizás fuera exagerado el efecto por el hecho de que el hombre que lo llevaba era el hombre más guapo que nunca había visto – o quizás fuera un efecto del perfume. Eso me dio ganas de quitarle su camisa. Eso no se lo dije… pero sí fue a comprarme este perfume –

una reseña de Lucy2shoes@basenotes.net, Noviembre de 2012.

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COMIENZOS AROMÁTICOS

En el año 1860 en Londres. Un barbero oriundo de Cornualles llamado William Henry Penhaligon se instaló en Londres y al poco tiempo llegó a ser el Barbero y Perfumista de la Corte de la Reina Victoria.

William vivía en una época de decadencia, de excesos y de ostentación extravagante. Y después de adaptarse a su nueva vida empezó a relacionar sus experiencias con una fragancia. Su comercio se mantuvo fuerte durante toda su vida y lo heredó su hijo, el súper elegante Walt Penhaligon.

En los años 1940, el negocio cayó en el olvido y sólo volvió a emerger en los años 1970 y hoy, las fragancias Penhaligon son codiciadas por hombres que, muy adentro, tienen un gusto por los valores más elevados.

El hijo de William, Walt Penhaligon luciendo un estilo deslumbrante en 1907.

Hay algo anticuado en esta fragancia Penhaligon. Cuando usted respira la colonia, puede oler la pureza de este perfume penetrar en sus sentidos. Lo que más me gusta es el hecho de que la fragancia parece desarrollarse a la perfección (incluso elegantemente) en la piel. Además no se produce ninguna reacción desagradable y una no se siente nunca agobiada por su intensidad, incluso frente a un uso excesivo de esta poción resistente.

Si bien es un clásico masculino Endymion, antes de desarrollarse, da la impresión de ser unisex, y debo confesar que me gusta tanto que a veces, me empapo con esta brillante mezcla de naranja silvestre y de salvia al que se ha añadido una pizca de lavanda.

Para mí, el perfume crea la imagen de un hombre eternamente elegante aunque algo robusto llevando un portafolios al hombro, tomando un atajo perspicaz por entre un bosque antes de alcanzar su casa elegante, sólo porque tiene el sentido de la aventura.

El frasco satisface la vista y corresponde a un diseño original de William Penhaligon : cristal transparente con un galón típicamente victoriano. Y, como nota final, el frasco sin defecto en su realización ya que, debo confesar que lo dejé caer de una repisa situada a 1 metro 50 de un piso de azulejo y que salió ileso al tiempo que me causó un susto muy fuerte.

Sonya Nicholson