El Come back del siglo : vestir bien de nuevo

Hugo JACOMET

El Come back del siglo : vestir bien de nuevo

Arriba: El primer traje de Andrew Ramroop de 1969. El famoso Master Bespoke Tailor Andrew Ramroop encabeza Maurice Sedwell No. 19 Savile Row y es el primer sastre negro dueño de una tienda de sastrería en Savile Row. Ha recibido dos veces el título de “Mejor prenda de caballero: diseño, corte y medida” en el Golden Shears Awards, los Oscars de la sastrería. Imagen ©Gentleman’s Gazette
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¿ESTÁ USTED SEGURO DE QUE… NO DEBE TOMARSE EN SERIO?

Quizás este mensaje para “desabrochar” nuestra actitud en casi todos los ámbitos empezó en los años 1980 con el libro Don’t Sweat the Small Stuff–It’s All Small Stuff  (“Quítenles importancia a estas nonadas, sólo son nonadas”) de Richard Carlson. Este dicho tiene sus méritos; pero, en la actualidad, un montón de caballeros consideran que no tiene nada malo el ver algunas cosas con serio – precisamente a la hora de vestir bien. Y visten bien – con valor y ánimo y sin ninguna queja de parte de las mujeres.

Elija cualquier momento de la historia e imagine este periodo. No dudo que entre las imágenes que nacen dentro de su mente aparecen las prendas que solía llevar la gente. Antes de una cita manifestamos el ardiente anhelo de expresar nuestro estilo personal y queremos sentirnos por lo menos impecables.  Sencillamente, todos queremos parecer lo mejor posible, lo admitamos o no.

Sin embargo, en las últimas décadas nuestro entusiasmo a favor del estilo estuvo al borde de la extinción, como el sapo dorado que no se encuentra desde 1989.

UNA INDIFERENCIA HACIA LO FORMAL

Lo quieran o no, a la sociedad le importa lo que viste la gente. Flashback hacia el año 2009 cuando Google registró 9 millones de entradas mostrando a Michelle Obama vistiendo un short al salir de Airforce One. Si bien los resultados de un sondeo demostraron que el 80% de la gente consideraron el atuendo de Michelle aceptable (es verdad, a pesar de que se producen acontecimientos más importantes en el mundo, hubo sondeos a propósito de los pantalones cortos de la Primera Dama), la verdad del asunto es que, en el fondo, la gente quiere que la Primera Dama tenga una presencia más o menos mágica y real, y es que produjo cierta confusión mental el verla aparecer vestida como una turista de Disneyland. Es de notar que después de este movimiento de agitación, Mrs. Obama siempre ha lucido sus mejores prendas.

The “Casual Friday” epidemic has found its way onto Airforce One

SIGLOS DE CONDENA

Desde el primer taparrabo que se puso el hombre, puede decirse que somos seres estéticos. Tanto hombres como mujeres aprecian el diseño y la función de la ropa, y esto se debe a nuestra naturaleza.

Y si usted acelera desde la época del taparrabo al medioevo, podemos notar que, en aquella época, la ropa se convirtió en algo tan importante que se impusieron códigos para determinar qué debía vestir la gente.

Incluso los campesinos de la Edad Media les daban suma importancia a sus prendas [ruedecita medieval de bronce. Imagen autorizada bajo Creative Commons por Hans on Flickr]

“Había reglas muy estrictas para decir quién podía llevar qué durante el medioevo y el Renacimiento. La regla general era que cuanto más pobre se era, más sencilla debía ser la ropa que se vestía. Una sencilla túnica con cinturón para los campesinos… de lana o de lino. Tanto los hombres como las mujeres llevaban calzas – medias largas sin pies parecidas a los leggings.

Los nobles tenían acceso a cualquier tela deseada, incluso los exóticos seda y terciopelo traídos por los cruzados y los mercaderes, pero sólo los reyes podían llevar un cuello de armiño.  (EducationScotland.gov.uk)”

EL CORAZÓN DEL ESTILO SIGUE LATIENDO

Regular como un redoble, las personas libres del mundo siguieron teniendo consideración hacia el modo de vestir de la gente (por supuesto, nuestros vecinos en Rusia y China y muchos países árabes sufrieron una verdadera represión de su expresión personal).

En los países libres (a menudo inspirados en elegantes Presidentes y Reyes durante los siglos XVIII y XIX), hombres y mujeres del mundo entero saborearon la oportunidad de vestir para expresar su personalidad y comunicar una impresión.

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Vestir bien como modo de vida, fines de siglo XIX. Oregon Public Library historical record.

A principios de siglo XX, cuando el hombre trocó su carreta y sus caballos por una Ford T que funcionaba con gasolina, “vestir bien” se convirtió en una obsesión mundial. Quizás fuera el glamour de desplazarse con estilo en estos coches milagrosos un factor de motivación; pero, sea cual fuera la razón (con excepción del periodo de la Gran Depresión), en los años que siguieron, se mantuvo la búsqueda del estilo.

Hollywood nos ha brindado imágenes que han inspirado y motivado a las masas. Había esta impresión según la cual cada persona podía crear su propia “persona” – este arte “para vestir” tenía como límites los de la imaginación. La gente era feliz de presentar su mejor aspecto dado que era un placer y no una carga hacerlo.

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Silent film star Rudolph Valentino, 1920s

¿QUÉ OCURRIÓ?

Por supuesto, sabemos lo que pasó después. Hemos visto lo severo de los atuendos de los hombres y mujeres de los años 40 y 50. Y la televisión glorificó el trabajador desenfadado en shows como Mad Men.

Incluso el vestir de los años 1970, con sus influencias tipo “Make love not war’ tenía cierta amable rebelión en los aspectos de trajes de playboys ociosos y bandanas y pantalones patas de elefante.

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Tommy Nutter design exclusively for Ringo

Los años 1980 eran más como un manzana azucarada roja con mucho brillo de relumbrón de Wall Street y poca sustancia, pero sin embargo, incluso con los tirantes y los trajes demasiado grandes de MC Hammer, la voluntad de dar una mejor apariencia se mantuvo. Durante los años 1980, nos gustó imitar la ropa envolvente de nuestra Princesa Diana y en cierto modo seguimos dándole importancia a nuestro armario… y llegaron los años 1990.

ÉCHELE LA CULPA A KURT COBAIN

Me gusta Nirvana. Cuando oigo una canción de Nirvana, siento un fuerte sentimiento de nostalgia y agradecimiento para un intérprete solo (si bien turbado). Dicho esto, mi primera inclinación es intentar poner un dedo en el hecho de que el descenso de interés hacia el estilo se puede relacionar con el gusto de Kurt Cobain por la ropa grunge.

El look “con lo primero que está al alcance de la mano”

Si queremos orientarnos hacia una teoría más técnica, los analistas han imputado a la recesión de los años 1990 este descenso del interés hacia el estilo. Y quizás, como durante la Gran Depresión, la gente aplazó la atención al estilo porque tenía otras prioridades.

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“Vino la recesión y, después de eso, menguó el interés por la moda y la belleza. Uno de mis primeros cargos después de instalarme en Nueva York consistió en maquillar a Kate Moss para la campaña del perfume Obsession de Calvin Klein y sólo usé crema hidratante.” – Kay Montano, Makeup Artist for Kate Moss

Sigamos hablando de música un ratito. Me acuerdo ahora de la letra de la canción de U2 “Stuck in a moment and can’t get out of it” (“Atascado en un momento, no puedo sacarme de él”). Incluso después de que se suavizó la recesión de los años 1990 en la década que siguió, desapareció el gusto por las apariencias pulidas y la búsqueda del estilo desapareció junto con el sapo dorado.

Con motivo del anuncio para el licor “Skinny girl” que glorificaba a la mujer moderna y relajada de hoy por hoy, Monsignor Charles Pope escribió un artículo muy provocador en el que se quejaba de nuestras actitudes relajadas modernas por lo que se refiere a la manera de comportarnos en público. He aquí un extracto de su artículo:

“…pero conforme va avanzado el anuncio, pienso que hemos perdido mucho. La imagen pasa de la mujer vestida con elegancia, atenta a parecer modesta y digna (si bien retratada con exceso en los detalles), a la escena moderna de la que tenemos que alegrarnos. Se supone además que debemos estar de acuerdo con lo que han llegado a ser las mujeres.

Y ¿Qué ve usted? Mujeres medio borrachas, con uñas pintadas y chancletas, un montón de botellas de licor y el indelicado comportamiento de quienes han bebido demasiado. Luego, hay una retahíla de vestidos impúdicos, impúdicas posturas y comportamientos impropios. En efecto, si usted me pregunta lo que opino, le diré que se trata de una celebración de todo lo que es, en nuestra cultura, aburrido, impúdico, indelicado y excesivamente informal.”

EL GRAN COME BACK DE LOS AÑOS 2010

El negocio de la sastrería a medida está en auge. Hombres y mujeres se sienten cada vez más concernidos por la forma, la función, el estilo y la calidad de lo que visten. Y las prendas falsificadas son ahora vistas como insignificantes por la población en general.

Pero, lo que es más notable, los hombres van descubriendo el poder de desarrollar su verdadero estilo personal y para muchos varones, el atractivo del lado técnico y estético de la industria del estilo es tan grande como la fascinación por los coches o los partidos de fútbol del lunes por la tarde (a menos que se trate de una buena partida de rugby, depende de lo que se prefiere) .

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Hoy en día los hombres han encontrado un interés renovado en el hecho de vestir bien y la sastrería tradicional ya no se limita a la élite y a los privilegiados.

¿Qué provocó este cambio que nos alejó de la actitud desenfadada hacia el estilo masculino? ¿Qué puso fin a esta larga marcha por el desierto de la industria del estilo masculino… y no llevó a esta oasis que prosperó durante siglos para luego desvanecerse y por fin volver a aparecer?

En el momento en que intento buscar la respuesta, espero reunir otras respuestas y teorías respecto del renuevo del interés de los hombres por el estilo de alto nivel. Surgen unas cuantas evidentes explicaciones.

Quizás pueda atribuirse la influencia más fuerte para pasar de un interés reducido hasta un interés entusiasta hacia el estilo masculino a los shows televisivos como Mad Men y Boardwalk Empire que han dado a los hombres una nueva mirada a los pañuelos de bolsillo, chalecos, pantalones con pliegues y vueltas, el diseño de las solapas y los nudos de corbatas. Este fenómeno ha sido difundido por los medios de comunicación y refuerza la idea según la cual el cambio empieza, en casi todos los casos, por una toma de concienciaseguida por el conocimiento y la acción.

Otra explicación menos evidente del hecho de que se dispara el interés del hombre por su estilo puede atribuirse a la época que nos toca vivir, una época de tecnología. Mientras vamos navegando por la internet, nos damos cuenta de que cuanto nos resulte conveniente se encuentra “al alcance de nuestro teclado”.

En esencia, es posible vivir durante años en una sola habitación con cuarto de baño y satisfacer cada necesidad o capricho sin movernos. Incluso nuestro trabajo podría realizarse desde la cama en la que nos dormimos cada noche y de la que nos levantamos cada mañana. Nos encontramos en un estado de vida virtual que las más de las veces suena tan real como si estuviéramos en otro sitio. Podemos entrar en contacto con nuestra familia con Skype e incluso enamorarnos delante de una pantalla rectangular, sin poner ni un pie fuera de nuestra casa sea ésta humilde o no tan humilde.

Con esta vida cerebral en plena fuerza en la que ni siquiera vale la pena ir hasta nuestros tradicionales buzones, anhelamos un buen motivo para entrar en contacto con el mundo exterior. Lo cierto es que esta tecnología no puede producir un traje de calidad en nuestra habitación.

Con miles de posibles combinaciones para el diseño, podemos sentir la satisfacción táctil de poner nuestras manos en diferentes telas, sentir nuestro brazo deslizarse en la manga de una chaqueta e imaginar estar envueltos en una pieza cortada a medida.

Por lo tanto, es fascinante y productor de adrenalina el simple hecho de tener la experiencia humana de encargar un traje a medida – una búsqueda que exige varias pruebas con cada pieza cosida específicamente para el individuo hasta que se consigue el producto final, del que sólo habrá un ejemplar en el mundo.

Con el descubrimiento de esta nueva avenida que produce una experiencia humana sin comparación en el mundo del estilo, nos enamoramos del encanto de la experiencia en sí. Y uno/a se siente bien entonces.

EL FUTURO: MARCAS DE EXCELENCIA Y OPORTUNIDADES PROFESIONALES.

Con el aumento del interés por los trajes a medida, el futuro debería ser testigo de la continuación de lo que he llamado marcas de excelencia por vendedores de masa.

Ya hemos observado un uso más frecuente y más amplio de términos antaño sagrados como bespoke, tailor-made, hand-crafted by order, hand-tailored, by appointment, made-to-measure, custom-made, made-to-order, fatto a mano su misura, and sartorial, para nombrar unos pocos.

El resultado de un uso excesivo de estos términos sagrados revela una falta de consideración y una falta de respeto hacia los sastres expertos que han pasado décadas en refinar su arte para ganar el derecho a usar estas etiquetas reconocidas y descripciones que se han sellado para uso exclusivo de los sastres y zapateros.

Lo que se puede esperar de los vendedores de masa es que rebajen la calidad y se valgan de términos de marketing para timar a los clientes ineducados, exigiendo altos precios a cambio de una pseudo-calidad e incluso convenciendo a sus clientes de que son “bespoke” o “tailor-made” lo que no es el caso en realidad.

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La búsqueda de la verdadera calidad bespoke va incrementándose y los medios de comunicación prestan atención al fenómeno, como se ve en el artículo titulado What’s a $4,000 Suit Worth? del New York Times de septiembre de 2012.

Y por lo tanto, mientras más sigue creciendo el mercado de las prendas tradicionales y atrayendo a un abanico de clientes más amplio en términos de edad y de pertenencia social, más intentarán los vendedores de masa atraer a nuevos clientes y sólo unos pocos clientes con criterio conseguirán algo correspondiente a lo que pagan en el mundo caótico de los hilos, de los ojales y de los forros de seda.

Quizás el futuro todo un universo de nuevas carreras profesionales abrirse para los jóvenes que busca una alternativa a la obtención de un diploma universitario y un empleo seguro en una empresa. Conforme vaya aumentando la demanda de trajes a medida se necesitará cada vez más artesanos capaces de producir prendas y calzados de alto nivel. Tanto para los sastres como para los zapateros, el mercado de la medida irá abriéndose para acoger a nuevos talentos artísticos, financieros y empresariales.

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El joven Justin Fitzpatrick vino a Europa desde los EEUU para aprender más sobre el mundo del calzado hecho a medida. Ha abierto su concesión de brillo de zapatos en la tienda Gieves & Hawkes en Savile Row y en la actualidad se está preparando para lanzar su propia colección de zapatos masculinos en prêt-à-porter.

LA VERDAD DURADERA SOBRE LA VERDADERA CALIDAD

Se produce un evidente reconocimiento de las competencias artesanales y de la alta calidad de lo que ofrece el mercado. Finalmente, la mayoría de nosotros parece desarrollar una atención a la calidad. Nos quitamos los cargo shorts y los zapatos de mala calidad a favor de la idea que menos es más a la hora de seleccionar la calidad en vez de decantarse por objetos mal ensamblados.

Además, las tiendas vintage con tesoros de los años pasados van emergiendo con fervor y finalmente, los medios de comunicación empiezan a reconocer la verdadera elegancia cuando se presenta. El resultado es que nos enteramos de que nos sentimos mejor cuando seleccionamos nuestras prendas con el mismo criterio que cuando elegimos un coche o una casa. Y, dentro de diez o quizás veinte años, quizás descubramos que las prendas y los zapatos comprados una década o dos antes siguen siendo útiles y que nuestra cuenta bancaria podría estar en peor situación..

Sonya Glyn Nicholson