Del exceso de detalles

Hugo JACOMET

Del exceso de detalles

Gentlemen,

Desde hace unos cuantos años, los confeccionistas de masa manifiestan una tendencia muy marcada a adentrarse en el coto privado de la cultura sastre al adornar torpe y groseramente sus trajes de baja gama con supuestos “detalles sastres”.

No nos toca juzgar la pertinencia de esta actitud, ni siquiera su impacto (sin lugar a dudas positivo) en la imagen de estas casas que buscan, con la diligencia de un buen comerciante, a aprovechar el renuevo de interés muy marcado de los hombres por el arte de sastrería.

Sin embargo, el fenómeno tiende a amplificarse considerablemente, pues, después de los ojales de mangas activos (que solían ser características exclusivas de la gran medida, pero que se encuentran ahora incluso en Zara), las sobrecosturas de solapas muy ostentosas y demasiado nítidas para ser honestas, sin hablar de la añadidura, en algunas casas de una V de comodidad en la parte trasera de los pantalones que, no siendo reforzadas por bordados sólidos cosidos a mano, tienden a descoserse muy pronto, la gran “tendencia” actual se focaliza en los ojales de solapas contrastados.

A estas últimas, se les presenta como un detalle elegante que viene a rematar un traje de buena hechura y permite a los hombres, cito, “expresar su personalidad”. Producen, en opinión nuestra, el efecto inverso del que uno desea producir…

Porque, cuando un detalle (por definición discreto o por lo menos accesorio) atrae demasiado la atención para convertirse en el elemento visual más importante de un atuendo, lo menos que puede decirse es que el resultado se encuentra muy alejado a la intención inicial.

En efecto, si unos ojales bellos (milaneses, por si fuera posible), muy levemente contrastados (tono sobre tono) pueden darle al atuendo un pequeño “twist” discreto y sofisticado, cabe decir que estos ojales MUY contrastados que se ven por todas partes, paradójicamente en unas chaquetas de confección de gama baja nos llevan directamente hacia el terrible” fíjense en lo bello y original del traje que llevo” o peor “fíjense en el hecho de que soy un hombre elegante moderno sofisticado audaz y estiloso”.

Algunos ejemplos abajo :

Tanto como nos encanta comprobar que algunas buenas casas muy asequibles en términos de precios – como Boggi por ejemplo – comunican de modo preciso y honesto sobre la calidad de sus productos (en el escaparate de Boggi Bulevar Saint Germain en Paris, se indica que algunos trajes van medio reforzados con tela, lo que no solía ser un argumento de venta hace unos cuantos años), tanto no es imposible avalar esta moda, sin lugar a dudas muy pasajera, de los detalles sastres demasiado pregonados, llamativos y para concluir, inútiles y las más de las veces chabacanos.

Con que, cuando uno conduce un Smart (como lo hace el servidor de ustedes), es muy peligroso querer aplicarle detalles de un Aston Martin, excepto quizás, y de eso incluso dudo, el llavero…

Cheers, HUGO