La Limousine de
Moynat Paris : ¿la
Rolls de las maletas ?

Hugo JACOMET

La Limousine de Moynat Paris : ¿la Rolls de las maletas ?

Gentlemen,

Hace unas cuantas semanas, publicamos un primer artículo – breve – sobre la casa Moynat, famoso fabricante de baúles y de objetos de viaje que acababa apenas de renacer de sus cenizas para mayor regocijo de los – numerosos – aficionados al arte maletero y a los objetos nómadas de excepción.

Ubicada en la calle Saint Honoré a unos pocos metros de la Plaza Vendôme, esta casa muy prometedora, sobre todo por la riqueza inaudita de los archivos que heredó, empieza a entregarnos, poco a poco, unos objetos que calificaremos, con cierto sentido del eufemismo, de refinados y exclusivos.

Hoy les proponemos echar una mirada a un objeto de excepción, sólo asequible por encargo especial, dada la complejidad de su realización, del tiempo que exige su fabricación y de la nobleza de las materias usadas : la maleta “Limousine” (Limusina), disponible en tres anchuras y de hecho, utilizable o bien como porta carpetas, o bien como maletilla business o bien como maleta de viaje.

La particularidad de esta maleta única en el mundo radica en la reinterpretación de las curvas de los Baúles Limousines (Limusinas) creadas por MOYNAT a principios del siglo XX que se concebían a medida para, desde luego, adaptarse a la forma de los techos de los automóviles.

Estos baúles de excepción se deben encargar y el artesano maletero de la casa, procedente de los compañeros del deber, lo que nos parece bastante coherente, las realiza valiéndose de técnicas estrictamente artesanales. Sólo así se puede lograr la realización de estas piezas fuera de norma.

La labor de ebanistería sobre todo, con la creación de un tonel adaptado y hermético de fondo cimbrado, es una labor minuciosa y de una delicadeza extrema, gracias a la cual se realiza una pieza de madera de álamo, una madera conocida principalmente por su ligereza.

La labor de realización del tonel y luego el revestimiento de esta pieza exige varias horas de trabajo (únicamente a mano, por supuesto) y propone acabados de una gran sofisticación : un claveteado apretado en extremo (cada 8 milímetros) realizado con puntas de latón a medida, una costura albardero con 2 agujas y un hilo de lino encerado para el asa, limpieza de los cantos realizado con cera de abejas, sin hablar del hilo que por supuesto se realiza a mano.

Y esto no es todo… porque el revestimiento se obtiene a partir de un cuero vegetal curtido siguiendo un método 100% artesanal mientras que el interior va revestido de una magnífica tela de sarga de algodón.

Los cierres son de latón macizo labrados con grabado y proponen una reedición del sistema de “cierre con palanca” patentado por MOYNAT en marzo de 1911 y de la cerradura MOYNAT que es en cuanto a ella se refiere un modelo registrado.

La enorme ventaja de estas cerraduras es que el (muy) afortunado dueño de varios objetos de la casa Moynat puede así disponer de la misma llave para todas sus maletas y todos sus baúles.

Estamos pues en presencia de un objeto suntuoso producido por la artesanía francesa del más alto nivel y cuya ergonomía es totalmente asombrosa. Porque más allá del “twist” estético de esta curva histórica, he podido apreciar personalmente la comodidad que aporta por ésta cuando se adapta a la forma de las piernas cuando uno está caminando en vez de chocar contra ellas. ¡La impresión es verdaderamente sorprendente y el resultado de un chic absoluto!

MOYNAT nos propone pues, después de sólo unos cuantos meses de existencia, un objeto de muy alto nivel que es como un guiño a la tradición artesanal francesa y que aporta una dosis saludable de respeto verdadero hacia estos saber hacer ancestrales que necesitan tanto recibir mayor visibilidad y ser puestos a la disposición de una clientela de estetas cada vez más sensibles a la emoción producida por tales objetos.

Y, como lo escribía yo hace algunos días en mi modesta y breve exégesis del libro de Alain Rey, un deseo de lujo que no produciría una reacción emocional y que no traduciría una emoción sincera, no lograría alcanzar el verdadero lujo.

La “Limousine” de Moynat es lujo de verdad. Sin lugar a dudas.

Cheers, HUGO