¿El gran retorno
del fular para
los hombres?

Hugo JACOMET

¿El gran retorno del fular para los hombres?

Gentlemen,

Cumplimos con lo prometido hace unos cuantos días y les presentamos una traducción y adaptación del excelente artículo de James Sherwood dedicado al retorno del fular, publicado en el último número de The Rake bajo el título “Fringe Benefits” (lo publicamos con la amable autorización de su autor).

Según él, vamos a deber aprender de nuevo a apreciar el uso del fular y a dominar sus códigos porque éste último será una de las estrellas de la elegancia masculina para el año 2013. Wait and see…

FRINGE BENEFITS

por James Sherwood (©The Rake N°22)

“Para la mayoría de los elegantes, el gran retorno del fular es tan bienvenido como la irrupción de una enfermedad sexualmente transmisible. La mera evocación de la palabra, cuyos orígenes remontan a los usos indumentarios de los mercenarios croatas del siglo XVII, basta para infundirle miedo a cualquier hombre sano de cuerpo y espíritu , sin duda todavía herido por el recuerdo de uno de esos horrores satinados, tan espesos como inelegantes, hundidos en un chaleco de brocados, con la ocasión de una boda u otro acto oficial.

Porque, aparte del hecho de que se lo veía anudado al cuello de uno de esos brillosos revolucionarios de fines de los años 60 o principios de los años 70, como Mick Jagger, David Bowie, o Tommy Nutter, el fular de seda nunca ha conocido un estado de gracia desde los años 30, época en la cual algunas grandes figuras de Hollywood, a veces algo siniestras, lo habían adoptado como sello de distinción.

Las más de las veces, lo llevaban con una bata de seda acolchada de la casa Sulka o con una chaqueta de esmoquin. Allí donde se veía el fular, la boquilla de desproporcionado tamaño, el monóculo, y las pantuflas con monograma no se encontraban lejos.

El fular había llegado a ser, incluso, en el Hollywood de los años 40, 50 y 60, una señal indumentaria tan maléfica como el bigote encorvado hacia arriba : tenía el significado de predador sexual, de homosexual, de libertino empedernido como por ejemplo Louis Mazzini (Denis Price) en Kind Hearts and Coronets (1949), Addison Dewitt (George Sanders) en All about Eve (1950), o también Jeffrey Cordova (Jack Buchanan) en The Band Wagon (1953).

Sin embargo, antes de que ustedes opten por mantener alejado el fular como el domador blande un látigo y una silla de madera curvada para protegerse de los leones, me gustaría intentar deshacerles de una certidumbre según la cual ustedes prefieren dispararse un balazo en un pie antes que usar algo semejante. En efecto, la cosa infame y satinada con motivos repugnantes no es sino una forma corrupta de lo que fue antaño una mera pieza de tela que se llevaba alrededor del cuello.

Y es precisamente lo que nos tiene reservado la temporada otoño invierno 2012 2013 : una pieza de seda, de lana o de lino, sencillamente anudada o enrollada a imitación de la que los soldados croatas llevaban en el siglo XVII. En aquella época, la mayor utilidad del fular era facilitar la identificación de los compañeros de armas en el campo de batalla, lo que, por cierto, le ofrecía una ventaja evidente al enemigo, como lo pueden ustedes adivinar, pero sigamos…

Desde Croacia, el fular viajó hasta Francia donde fue muy pronto adoptado en la corte del rey Luis XIV. Al bordar el fular a la francesa, los pérfidos galos se mantuvieron fieles a su tradición de complicar los clásicos. Como suelen hacerlo en el campo de la cocina (sin comentario, NDT…).

El fular cruzó la Mancha cuando Carlos II volvió de su exilio a Francia, para la restauración de la monarquía en la Inglaterra de 1660 donde se mantuvo popular hasta el día en que Jorge “Beau” Brummel hizo del anudamiento un Arte durante la regencia inglesa. El fular inglés era de lino o de batista, más bien que de seda o de encaje. El anudamiento de una pieza tan simple fue objeto de un casi fetichismo por parte de Brummel y de sus consortes hasta tal punto que el fular fue volviéndose el blanco privilegiado de los grandes satiristas de la época como George Cruikshank y James Gillray.

En la concepción de Beau, el fular debía enrollarse varias veces alrededor del cuello para soportar el cuello alto cuyas puntas debían alcanzar los pómulos del dandi. Típicamente, se solía apretar tanto el fular que el dandi no podía girar ni bajar la cabeza, obligando al fanfarrón a lucir poses de extrema altivez. El Neckclothitania, publicado en 1818, propone tutoriales para anudar el fular a la Oriental, a la Napoleón, a la Mathematical y otros Mail Coach, Irish, Barrel, Ballroom… El mero hecho de echarles un ojo a las ilustraciones aburre y cansa al que las mira y le disuade de intentar realizar los nudos que exponen.

Entonces, ¡descanso soldados! The Rake no intenta incitarles a imitar a Brummel del mismo modo que no les incitamos a cambiar su Smartphone por una pluma y un tintero, o su Romeo y Julieta por un pellizco de rapé. El fular del siglo XXI debe ser desenvuelto y no amanerado. Debe llevarse con una camisa de cuello abierto e, idealmente, su anudamiento no debe exigir más de 30 segundos; la vida es demasiado corta para que uno le dedique más tiempo.

El volumen es el enemigo del fular elegante. No hay nada más femenino que una espesa nube de seda emergiendo del cuello abierto de una camisa, sobre todo si se busca imitar un gángster de los años 20. El fular no debe nunca ser más largo que una bufanda de gala clásica sea cual sea la finura de la seda, del lino o del algodón. Uno no debe encontrarse con un exceso de tejido a colocar debajo de la camisa. Las franjas de un fular son además particularmente perniciosas. Si las dejan ustedes libres fuera del cuello, se enredarán irremediablemente en torno a los botones. Colóquenlas dentro de una camisa blanca y tendrán la mala costumbre de agitarse de modo alarmante, como los tapa-tetas de una bailarina burlesca bajo un mantel.

Queda obvio que un fular liso será más discreto, pero conviene no olvidar que este accesorio se combina señaladamente con los motivos más extravagantes, como el paisley, los cuadros o los lunares. Las rayas son más difíciles de usar, según el tamaño del cuello de cada uno. Pero es posible minimizar los riesgos eligiendo rayas finas y discretas. Con estas reglas en mente, ustedes pueden lanzarse al anudamiento.

El nudo más sencillo procede directamente de la técnica usada por los padres fundadores croatas : un nudo simple en la nuez de Adán, con las extremidades colgantes. Para cubrir más el cuello, denle dos vueltas al fular antes de anudarlo. Para realizar una versión más “siglo XXI” del nudo de Brummel, denle bastante vueltas al fular hasta que queden las extremidades lo suficientemente cortas para que puedan anudarse correctamente y sin colgar. Este nudo se lleva con una camisa más o menos desabrochada, según la superficie de piel desnuda que ustedes quieren dejar visible.

La versión más old school adoptada por Fred “Dancing Man” Astaire se realiza anudando el fular en su mitad, nudo que se coloca luego en la nuez de Adán antes de enrollar las dos extremidades del fular alrededor del cuello hasta que vuelvan debajo del nudo. A continuación, las dos extremidades pasan por debajo del nudo y luego por encima. Esta versión saldrá tan elegante con una camisa como con un jersey, como solían hacerlo Gary Cooper y Cary Grant.

Por otra parte, Cary Grant solía llevar “pañuelos de cuello” (que la casa Simmonot Godard todavía propone a sus clientes en Francia, NDT) que obtenía enrollando un pañuelo de seda o de algodón al sesgo antes de anudarlo correctamente alrededor de su cuello. Pueden ustedes ver a este propósito la película de d’Alfred Hitchcock de 1955, To Catch a Thief, en la que John Roble, encarnado por Cary, lleva un pañuelo de cuello de lunares rojiblancos bajo una chaqueta azul de finas rayas azul marino y blancas. Poesía en estado puro.

Si bien es verdad que la Hollywood de la edad de oro de la películas en blanco y negro sigue siendo la principal fuente de inspiración indumentaria para The Rake, numerosos actores, deportistas, músicos ingleses y estadounidenses contemporáneos han permitido descubrir el fular a toda una generación que nunca había oído hablar de Cary, Fred, Gary o Noël : figuras como Benedict Cumberbatch, Rufus Wainwright, Eddie Redmayne, Rupert Penry-Jones, David Beckham y Brad Pitt han contribuido a popularizar la imagen del fular como alternativa ”cool y sexy” a la corbata cuando se lleva con un traje típicamente black-tie. Y cuando estos “chaps” aparecen, la moda nunca está lejos.

La mala imagen del objeto, dañada por años y años de mal gusto, puesta aparte, el fular es simplemente una cuestión de inclinación y de expresión personal. Y para quienes se preguntan todavía si el fular puede ser considerado como cool, les contestaré mediante esta citación, que unos atribuyen a Woody Allen y otros a Bette Midler : “El sexo es sucio sólo si se hace bien.”

JS