Del espíritu de
Parisian
Gentleman

Hugo JACOMET

Del espíritu de Parisian Gentleman

Gentlemen,

Sólo hace tres años y medio que PG existe pero ya puede decirse desde hace buen rato que es un “gran veterano” bajo el doble efecto de la increíble distorsión del tiempo debida a la rapidez de circulación de la información en la pantalla y del entusiasmo de hombres nuevos por el estilo propio.

Ustedes habrán notado, en efecto, que no pasan 48 horas sin que nazca en la red un blog de “especialistas” sea en Francia o en cualquier parte del mundo. Este fenómeno sería de nuestro agrado si estos nuevos “participantes” lucieran una verdadera cultura sobre el tema que nos interesa, o por lo menos, adoptaran una actitud mucho menos pretenciosa de la que manifiestan.

No queremos meterlos a todos en el mismo saco y sobre todo no queremos que se crea que somos viejos reaccionarios pero se nos ocurre que, en vez de especialistas, las más de la veces, nos encontramos ante unos filisteos entre los cuales unos cuantos no dudan en hacerle una guerra sin cuartel a unas instituciones de Bespoke tailoring a pesar de no tener NINGUNA experiencia de la gran medida y de no haber nunca traspasado el umbral de una de las instituciones que critican con una vehemencia que no deja de sorprender. Cuando uno se desplaza en Smart (¡lo que por cierto es mi caso!), criticar un Aston Martin de modo tan perentorio – sin haberlo probado y además aconsejado por los aficionados a los Ferraris – provoca la risa… Pero sigamos.

Si se añade a eso el fenómeno “Tumblr” que genera un sinfín de blogs que SÓLO presentan fotos o, lo que es peor, “re-post” de fotos ajenas, sin una palabra ni el menor esfuerzo editorial, entendemos que el espectacular ascenso del interés de los hombres por el estilo propio genere también, lo que por cierto suena bastante clásico, su cortejo de excesos y de especialistas de oropel.

En la cacofonía que no rodea y en un mundo de producción sin límites de imágenes de todo tipo, PG sigue su rumbo con la idea de que la elegancia de los hombres no se resume a su indumentaria y que un medio de comunicación como el nuestro, dado el carácter internacional que ha ido adquiriendo, debe seguir imponiéndose a sí mismo exigencia, excelencia, y también consistencia en lo que afirma y capacidad de poner en perspectiva el tema que nos apasiona en estas columnas. Porque si la elegancia masculina sólo cupiera en el mero conocimiento de un catálogo más o menos comentado de cortes y tejidos, esto no sería interesante, confesémoslo.

Gentlemen, y eso sí que lo entienden ustedes, nuestro tema, la elegancia masculina, NO es un tema frívolo ni prescindible y NO puede abordarse como Dios manda sin un verdadero esfuerzo de puesta en perspectiva con el mundo que nos rodea.

Además, eso va confirmado por un antiguo artículo de la hoy desaparecida Revue Philosophique de la France et de l’Étranger (Revista filosófica de Francia y del Extranjero) que observa que a la hora de evocar la elegancia (o las elegancias) se ve tratado como un fenómeno frívolo, una belleza menor o incluso un emblema de casta (muy de moda hoy en día…) y añade que “es de notar también que se solicita para simbolizar todo tipo de superioridades”.

Por desdicha, para quien quiere evitar presunción e ironía, la elegancia aparece pronto como un formidable objeto paradójico : significa a la vez pulcritud y desenvoltura, rigidez y gracia, precisión e imprecisión, sobriedad y adorno, pudor y esplendor, atributo y acto.

Nos referimos en estas columnas a una categoría aparentemente heterogénea en la que interactúan el placer, las relaciones sociales, la estética, la técnica y, en cierto modo, la ética.

Para ver mejor en esta opulencia demasiado sugestiva, en vez de catalogar las prendas, cabría catalogar primero las elegancias, invocando la extraordinaria variedad humana más o menos reductible, sin duda mediante la reflexión, más o menos prometedora de desarrollos dialécticos, pero cuyas ambigüedades, cuyos matices u oposiciones vivos aportan su encanto y su innegable fertilidad.

He aquí el espíritu de Parisian Gentleman.

Cheers, HUGO