La Casa Cifonelli:
El Bespoke del siglo
XXI (Primera Parte)

Hugo JACOMET

La Casa Cifonelli: El Bespoke del siglo XXI (Primera Parte)

La historia de la legendaria Casa Cifonelli es, sin duda alguna, un cuento aparte que hace de esta empresa familiar un caso único en el mundo. Y esto por dos razones principales:

La primera razón tiene que ver con el estilo tan particular de sus creaciones (puesto que se trata verdaderamente de creaciones, cliente tras cliente, traje tras traje), que representan una combinación única del rigor británico, de la creatividad italiana y de la calidad del acabado francés. Esta fusión, única en el mundo del arte sartorial, sigue constituyendo hoy el ADN de una casa, en efecto de gran tradición, pero de estilo mucho más mestizado de lo que su nombre podría indicar en un primer momento.

Luego, tiene que ver con la historia de la familia, y con el hecho de que esta empresa, que va pasando poco a poco, año tras año, del estatuto de casa confidencial para iniciados hacia el de marca de lujo a nivel internacional, sigue perteneciendo enteramente a la cuarta generación de la familia. Una familia que logró la proeza de transmitir el « saber hacer » de generación en generación, sin dejarse llevar por los cantos de sirena de los grandes grupos de lujo, y que no cedió ante las tentaciones de valorización (más bien liquidación) de un nombre prestigioso por la gran distribución, como lo hacen actualmente ciertos sastres de Row, como Henry Poole, especialmente en China.

Hoy en día, el márketing de la tradición se ha vuelto el nec plus ultra para las empresas relacionadas más o menos (a menudo menos) con un « saber hacer » particular, numerosas casas de costura parecen también comunicar sobre la transmisión del « saber hacer » de generación en generación. Las casas cuyas marcas terminan por un nombre siempre muy vendedor « & sons » se cuentan por decenas, mientras los establecimientos « founded in 1860 » van multiplicándose a toda velocidad, aunque para ciertos, el arraigamiento histórico es a menudo más que discutible. Y sin entrar en detalles, está claro que no se encontrará ningún hijo en Norton (& sons), ni en Huntsman (& sons), ni la menor presencia de un Anderson o Sheppard en la casa epónima.

Y, ¿qué deberíamos decir de la eminente casa Caraceni, fundada en Roma en 1913 por Domenico Caraceni, cuya herencia se dividió en el transcurso de los años hasta llegar hoy a una situación ubuesca, ya que, excepto el (pequeño) taller original que todavía funciona en Roma, por lo menos 3 casas Caraceni (dirigidas por unos miembros « disidentes » de la familia) pretenden ser « la verdadera » casa Caraceni? A modo de anécdota, los aficionados consideran hoy que la casa A. Caraceni que mejor respeta la herencia familiar es la que está encabezada por Mario (sobrino del fundador) en Milano. ¡Un verdadero cajón de sastre!

Contar la historia de la casa Cifonelli pues, es sumirse a una formidable saga familiar como ya no quedan muchas en el alba del segundo decenio del siglo XXI. Porque esta familia ha sabido, al contrario de las demás más arriba evocadas, verdaderamente conservar la herencia familiar y transmitirla de generación en generación. Y hoy, la casa Cifonelli es quizá la única casa de bespoke en la que le recibirá invariablemente un Cifonelli, sea Lorenzo o Massimo, que representan la cuarta generación de esta familia cuyo nombre es indisociable del arte de la sastrería.

Fundada (¡realmente!) en 1880 por Giuseppe Cifonelli que instaló el primer taller en Roma, la casa fue tomando vuelo bajo la impulsión del hijo de Giuseppe, Arturo, quien seguirá siendo para siempre el alma estilística y el artista de la casa.

Pronto Arturo fue mandado por su padre a Inglaterra para formarse en el arte del corte en la respetable « Minister’s Cutting Academy » de Londres. Por cierto se conserva todavía con cuidado su diploma calle Marbeuf como lo demuestra la fotografía siguiente.

Fue entonces en aquella época cuando el estilo Cifonelli, sabia mezcla del rigor británico con la línea italiana, se afirmó y se desarrolló con la instalación de Arturo en Paris en 1926, primero en calle de Courcelles, y luego, en 1936, en el lugar que ocupa todavía la empresa, 31 calle Marbeuf, en el corazón del triángulo de oro de la capital francesa.

Arturo fue desarrollando progresivamente una clientela de admiradores exigentes y elegantes y fue adquiriendo poco a poco la reputación de excelencia de una casa que empezaba a vestir a los grandes de la política, de las artes y del espectáculo. Este hombre, descrito a menudo como exigente, intransigente y apasionado, era a la vez admirado y temido por sus obreros. La leyenda cuenta que cuando examinaba una chaqueta antes de entregársela a un cliente, todos se santiguaban, esperando que ésta le agradaría lo suficiente para evitar un tijeretazo y otro encargo para volver a hacer la prenda.

A la muerte de Arturo, en 1972, su hijo Adriano tomó las riendas de la casa, y siguió desarrollando la obra de su padre hasta el principio de los años 2000. Fue en aquel periodo cuando se empezó a hablar discretamente de la firma Cifonelli fuera del pequeño y estricto círculo de elegantes adinerados. Hay que decir que los embajadores más famosos de la casa siempre tuvieron, y perdonen la expresión, garbo : Paul Meurisse, Lino Ventura, Marcello Mastroianni, y sobretodo François Mitterand (cuya colección de trajes Cifonelli se vendió hace poco en una subasta en Drouot). Fue también en aquel periodo cuando la casa Hermés encargó – y eso duró años (de 1992 a 2007) – la confección de su colección Bespoke a Cifonelli.

Fue al principio de los años 90 cuando Lorenzo (el hijo de Adriano) y Massimo (el primo de Lorenzo) debutaron realmente en la empresa, aunque ambos habían pasado ya toda su juventud entre fajos de tejidos, patrones de sastrería con apellidos famosos y obreros que realizaban ojales milaneses de una pureza absoluta.

Y fue en 2003 cuando los dos primos tomaron oficialmente la dirección de la sastrería en la calle Marbeuf, antes de desarrollar al mismo tiempo en 2007, una verdadera oferta de semi-medida y de prêt-à-porter de gran tradición en la tienda situada bajo el taller.

Durante aquel periodo, dos acontecimientos importantes ilustraron la voluntad de Cifonelli de hacer perdurar el « saber hacer » ampliamente puesto en peligro en otras casas (especialmente en Row) por el envejecimiento de los equipos (sigue frecuente encontrar en Savile Row obreros ultra especializados que han cumplido los 75 años).

Estos dos acontecimientos importantes fueron la recuperación en 2000 del taller (y también de los obreros), del sastre Claude Rousseau, y hace poco, la recuperación, en 2008, del taller (y otra vez de su equipo) de Gabriel González, otro eminente sastre parisino.

Por cierto, estas adquisiciones tuvieron una resonancia singular entre los que se apasionan por  el mundo de la sastrería , puesto que la casa Cifonelli logró reunir 30 años más tarde a dos miembros históricos del legendario equipo de Camps de Luca (en la época en la que Mr Camps dirigía), compuesto por Smalto, Rousseau, y González. ¡Un verdadero « dream team »!

Hoy Lorenzo describe al ya jubilado Claude Rousseau como el hombre que le enseñó el arte extremo del detalle y la preocupación obsesiva por los acabados. En cuanto a Gabriel González, sigue trabajando en la calle Marbeuf, todavía apasionado por su actividad a pesar de sus 72 años.

Cifonelli abrió las puertas de su taller de la calle Marbeuf a Parisian Gentleman para nuestro mayor regocijo. Y Lorenzo Cifonelli nos ofreció una larga entrevista cuya totalidad se publicará dentro de 48 horas en estas columnas. Se evocará el estilo Cifonelli (y su famoso hombro…), el rejuvenecimiento de la clientela de la casa, los proyectos de desarrollo en Japón y Estados Unidos, así como todo cuanto ustedes siempre han querido saber sobre esta casa legendaria sin haber tenido nunca la ocasión de preguntar…

Isn’t it exciting?

Cheers, HUGO